2).------------ ESTUDIANDO NUESTRO PRESENTE.
2-4).---------- BUROCRACIA Y SERVILISMO EDUCATIVO.
Si pudiéramos profundizar un poco en uno de los denominadores comunes existentes entre los tres, veríamos que nos remite en última instancia a la violencia opresora, de clase, nacional y patriarcal, a la sumisión, pasividad, aceptación de la tradición falsa e impuesta por la mentira histórica, por la represión de otras versiones de la historia y de otras formas de pensar, de otras realidades, culturas, lenguas, pueblos y capital simbólico-material acumulado por amplias masas humanas. Ningún poder opresor puede mantenerse largo tiempo sin un sistema educativo que le garantice la efectividad de esas mentiras, y el pánico paralizante ante la violencia represiva. Y la mejor forma de mentir es convertir la mentira en verdad, y hacer que esa falsa verdad, esa mentira invisibilizada, se introyecte en la personalidad, en la estructura psíquica alienada de masas, haciendo de cada persona su propio y primer policía interno: se vigile a sí misma. La educación establecida está para introducir ese policía en nuestra cabeza.
Por eso mismo, por la necesidad vital de monopolizar la producción de mentiras presentadas como verdades, y de ocultar las verdades, silenciarlas o falsificarlas hasta presentarlas como mentiras, los Estados planifican con extrema atención y vigilancia permanente las innovaciones o concesiones que no tienen más remedio que hacer. Este es el caso de la creación de la UPNA y de la UPV, y en concreto de la descentralización controlada por Madrid de su sistema educativo durante la llamada "transición". Hemos dicho antes, al acabar el primer apartado, que en lo relativo a la descentralización educativa la estrategia española tenía dos objetivos: impedir la unidad político-territorial de Hegoalde para imposibilitar así la existencia de una Universidad Nacional Vasca y con ella la existencia de una educación euskaldun única, y a la vez, imponer unos controles tan estrictos y severos de la descentralización consentida que sea prácticamente imposible el intento de, partiendo de tan poco pero con el mayor optimismo imaginable, pretender construir la Universidad Nacional Vasca.
Ambos objetivos eran y son estratégicos para los españoles, es decir, los consideran como vitales para la continuidad de su Estado. Así entendemos tres cosas incomprensibles desde la simplona y superficial visión que reduce los problemas educativos a la mera obtención de buenas notas y a la supuesta neutralidad y desinterés pedagógico de sacrificados maestros:
Una, la masa de arrepentidos, pesebreros, moluscos disfrazados de profesores, chupópteros, trepadores y franquistas notorios que se adaptaron sin ningún problema a las nuevas posibilidades de medrar y ascender de puestos gracias a la descentralización burocrático-educativa, algunos de los cuales anidaron de inmediato en la UPV y UPNA. Surgieron los grupos de presión y las "cuadras" alrededor de jefecillos que defendían y defienden tal o cual programa, y prometían ganancias y chollos suculentos a sus acólitos. Zancadillas, peleas, putadas mutuas, chanchullos en pasillos y despachos, exclusiones y expulsiones encubiertas o descaradas... Todo servía y sirve para reafirmar la españolidad del sistema educativo. Aún recordamos aquellos cortísimos tiempos en los que se habló del centro de Zorroaga como la gran y definitiva Academia del saber emancipado y emancipador. La destrozaron y en su lugar han impuesto el terrible e inhumano "Foro de Ermua" que abría el paso al "Foro de El Salvador", destinado a resucitar la vieja cruzada nacional-católica española.
Dos, instalados en sus poderes delegados, los nuevos sátrapas de la culturilla dominante hicieron otra genuflexión: empezaron a producir el saber que se esperaba de ellos. Un sistema educativo adecuado a las necesidades de un capitalismo precarizado, terciarizado, cargado de contradicciones y con una fuerte oposición radical interna, dirigida precísamente por la izquierda independentista. Una educación para minorías pudientes y poderosas, castellanas y en imparable sumersión en la marea anglosajona. Unos grupos de estudio pensados para ascender en el escalafón español, para hacer méritos y puntos con los que poder acceder a otros puestos en otros lugares tras haber demostrado "fidelidad a la corona" civilizando a los bárbaros del norte, de notoria y tardía romanización. Un saber opuesto a las necesidades vascas, a sus problemas y a su engarce con su presente y futuro. Y un servilismo pegajoso, espeso y pestilente hacia las necesidades de legitimación de atrocidad del poder impuesto y muy en especial, hacia la potenciación premeditada del castellano y desprecio fatuo e intelectualoide del euskara, esa "lengua de aldeanos con abarcas".
Tres, pero no pudieron impedir que el sistema educativo se contaminara por la objetiva correlación de fuerzas políticas, populares, culturales de Euskal Herria, y pese a sus esfuerzos, much@s maestr@s y profesor@s abertzales se "infiltraron" en la máquina. Los mandarines creyeron poder integrar, neutralizar o desanimar a la mayoría de "rojo-separatistas". Hicieron de todo, pero fracasaron. Y en la medida en que, para colmo, aumentaba la afluencia de una adolescencia y juventud más independentista y radical, profanando los sagrados recintos de la mansedumbre intelectual, entonces, iracundos, exigieron la invasión de fuerzas represivas privadas y públicas en escuelas, colegios, institutos, universidades. Introdujeron las policías en la vida estudiantil porque su propia cabeza estaba policializada. Culturilla tan sumisa y obediente que reniega de tradiciones históricas como prohibir siempre la estancia de tropas y policías en recintos educativos. Aquí no. A veces susurran sobre el heroísmo de maestr@s y profesor@s en otros continentes, cuanto más lejos mejor, pero aquí llaman a las policías, les abren puertas, archivos y ficheros internos, les guían por pasillos y vericuetos. A veces critican torturas en lugares lejanísimos, pero aquí se olvidan de inmediato de l@s alumn@s detenid@s, torturad@s y encarcelad@s durante decenios.
Este es el sistema educativo que nos ha impuesto España en Hegoalde. El de Iparralde no se diferencia en nada substancial. Periódicamente, intentando lavarse la cara y ocultar lo inocultable, publican algunas cifras y estadísticas sobre las "mejores notas" y resultados en los exámenes vascos en comparación a los españoles. También, en algunos actos públicos, reuniones con la patronal, gran banca y ministros españoles que vienen a supervisar y vigilar lo que hacen, peroran sobre la buena formación técnica de la mano de obra vasca, silenciando una tendencia arrasadora cual es la del fracaso del sistema educativo. Pero esto exige un tercer y último apartado.